Reunión discute estrategias para proteger pueblos aislados de la frontera Brasil-Perú

Por Rafael Nakamura

Traducción: Lucas Bonolo 

La frontera Brasil-Perú, región donde vive el mayor número de pueblos indígenas en aislamiento del planeta, fue tema de las mesas de debate durante el Encuentro Internacional Miradas sobre las Políticas de Protección a los Pueblos Indígenas ‘Aislados’ y de Reciente Contacto, realizado en Brasilia en el mes de junio de 2017. Indígenas del Valle del Yavarí y de la región entre el Acre (Brasil) y Madre de Dios (Perú) presentaron Informaciones sobre la situación actual, experiencias vivenciadas en la región y las diferentes perspectivas sobre la relación con los pueblos indígenas ‘aislados’.

Las discusiones tuvieron como enfoque el intercambio de experiencias entre los diferentes pueblos que viven en la región. La provocación para el debate fue el desafío de las políticas de protección en un escenario de intensificación de las amenazas a los derechos indígenas en el campo político y de constantes presiones de invasores en sus territorios.

Solamente en el área de cobertura del Frente de Protección Étnico-Ambiental Valle del Yavarí (FPEVJ), en la provincia del Amazonas, el Estado brasileño trabaja oficialmente con 16 registros de pueblos indígenas ‘aislados’: diez son referencias ya confirmadas por la Funai, tres son referencias en estudio y otras tres son informaciones aún no calificadas.

“Funai confirmó diez grupos de ‘aislados’ en la Tierra Indígena Valle del Yavarí. Según los indígenas, existen más grupos. En algún momento, ellos vendrán a las comunidades establecidas, como sucedió en Massapê, aldea del pueblo Kanamari en 2014”, dice Paulo Marubo, de la Unión de los Pueblos Indígenas del Valle del Yavarí (Univaja).

Paulo argumenta que el incremento de las presiones externas a las Tierras Indígenas con presencia de ‘aislados’ aumenta el riesgo de situaciones de contacto. “El riesgo de contacto es real, puede suceder en cualquier momento. Ahora mismo, los invasores están entrando en los ríos Quixito, Itacoaí, Ituí, que son territorios de ‘aislados’. Nuestro miedo es que los ‘aislados’, al intentar una retaliación a estas prácticas, sean atacados con armas de fuego”, comenta.

Adauto Kulina, de la Asociación Indígena Kulina del Valle del Yavarí (Aikuvaja), también llama la atención al riesgo constante de encuentros con invasores. “En cualquier momento, si los ‘aislados’ ven a cazadores, pescadores y madereros, que son muchos en el río Curuçá, seguramente va a haber conflicto. Ellos no conocen a la gente, ellos piensan que todas las masacres sufridas por sus antepasados ​​van a volver ahora”, refuerza.

Según datos del Marco Estratégico para la Protección de los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial, en el área de cobertura del Frente de Protección Étnico-Ambiental Envira (Acre) ya son seis referencias confirmadas de pueblos ‘aislados’. Existe también una serie de informaciones del lado peruano del Valle del Yavarí y en Madre de Dios, en Perú, sin que exista una política de Estado consolidada para atender a estos pueblos.

En la frontera Brasil-Perú, las invasiones alcanzan diversas áreas de circulación de ‘aislados’. Actualmente, cinco de las diez propuestas de reconocimiento presentadas por organizaciones indígenas en Perú no cuentan con el apoyo del Estado peruano, a pesar de que algunos procesos ya tramitan hace más de quince años. La falta de políticas del Estado peruano hacia la protección de los ‘aislados’ y las concesiones otorgadas para explotación de riquezas en los territorios indígenas fueron criticadas por Julio Cusurichi, líder indígena del pueblo Shipibo y presidente de la organización peruana Federación Nativa Madre de Dios (Fenamad).

“Aún no existe una política pública del gobierno peruano para atender a estos pueblos. Existe la amenaza de personas externas, como madereros, y las reservas creadas en esta región no son intangibles. Si el gobierno decide, puede otorgar derechos [a terceros]. Ya existe incluso el interés de carreteras, que pueden afectar los territorios de los ‘aislados’”, dice Julio Cusurichi.

Las concesiones madereras, la presencia del narcotráfico y la falta de un sistema de control y vigilancia hizo con que muchos de los grupos ‘aislados’ del Perú pasaran a circular también en la provincia brasileña del Acre (región del Alto Envira), donde están las TI’s Alto Tarauacá, Riozinho del Alto Envira, Kampa, Aislados del Río Envira y Mamoadate.

“Cuando ganó fuerza la cuestión de las madereras ilegales, el lado peruano llegó a abrigar casi cinco mil madereros ilegales, en el río Las Piedras. Los parientes ‘aislados’ andan en esta área y así empezaron a ir cada vez más hacia el lado brasileño, llegando cerca a nuestra tierra indígena”, cuenta Lucas Manchineri, de la TI Mamoadate.

Respetar el aislamiento

Durante el Encuentro Internacional, los participantes relataron el aumento de situaciones de contacto visual o incluso apariciones de ‘aislados’ en las comunidades establecidas. Los debates también reforzaron la necesidad del respeto al derecho de aislamiento voluntario y de la autonomía de estos pueblos.

“Los ‘aislados’ aparecen en las aldeas y se toman nuestras cosas, toman yuca, plátano. Pero tenemos que respetar, no podemos molestarles”, comenta Ricardo Kampa, de la comunidad Nova Floresta (TI Kampa y Aislados del río Envira).

Iva Rapa Matis, liderazgo en la aldea Bukuwak (TI Valle del YavarÍ), también habló sobre las apariciones de ‘aislados’ y la preocupación de su pueblo. “No llegamos cerca a los ‘aislados’, sabemos que hoy en día tenemos enfermedades [occidentales] y no podemos llevarlas a ellos. Pero ellos pueden aparecer en nuestras aldeas y sobre eso nada podemos hacer. Lamento no saber qué vamos a hacer, pues son nuestros parientes”, constata.

Para aplicar este respeto al aislamiento, los diversos pueblos que comparten territorios con los ‘aislados’ en la frontera Brasil-Perú han buscado sus propios acuerdos y estrategias para garantizar la protección. “Tuvimos una reunión en la ciudad de Atalaia do Norte y dijimos que nosotros mismos vamos a proteger y vigilar aquella área del río Curuçá, porque la situación de la Funai es muy mala”, evalua Adauto Kulina.

“Nosotros Kanamari decidimos que no debemos impactar a ningún pueblo, no queremos que ellos tengan contacto alguno. Basta ya nosotros, que sufrimos hoy con toda esa calamidad pública donde no tenemos ninguna asistencia”, alerta Adelson Kora Kanamari, asesor de la Asociación Kanamari del Valle del Yavarí (Akavaja).

Las estrategias pasan también por la forma en que las comunidades indígenas que comparten territorio con ‘aislados’ reservan áreas de uso. Durante la elaboración del Plan de Gestión Territorial, el pueblo Manchineri y Jaminawa discutieron sobre reservar una parte de su territorio tradicional a los ‘aislados’, ya que los madereros estaban acorralando a estos grupos.

“Hemos repartido el área para que ellos puedan hacer sus cacerías, pesquería, sus cultivos. Hace ya tres años que no andamos en esa área para respetarlos y evitar el conflicto con nuestros parientes ‘aislados’”, explica Lucas Manchineri.

En la provincia de Acre, en 2009, los Kaxinawá invitaron a la FPE Envira para trabajar en un taller de información y sensibilización sobre pueblos en aislamiento voluntario. Pasaron en todas las aldeas recogiendo testimonios de contacto visual, vestigios, saqueos e incluso conflictos en el pasado. Mapearon los sitios donde los ‘aislados’ habitan y sus rutas, al mismo tiempo que concientizaban a las comunidades del entorno sobre los derechos de los pueblos ‘aislados’ y de cómo lidiar con su presencia.

“Lo que más avanzó fue la concientización de los propios Huni Kuin y de sus vecinos ribereños, caucheros”, opina Nilson Huni Kuin, de la TI Kaxinawá del río Humaitá.

Los Kaxinawá también decidieron crear un punto estratégico de vigilancia, fiscalización y monitoreo de esos pueblos en el alto río Humaitá. Recientemente, los Matsés también hicieron talleres de formación en vigilancia territorial, donde se compartió las experiencias acumuladas a través de los muchos años de invasiones en su territorio. A través de los talleres, los Matsés construyeron un Plan de Vigilancia que hace caso a la protección de los ‘aislados’ que viven alrededor de sus comunidades en Brasil y Perú.

Intercambios

Las mesas de discusión también enfocaron la importancia de las alianzas entre las organizaciones indígenas de Perú y Brasil. Lucas Manchineri y Julio Cusurichi contaron sobre los encuentros que el pueblo Manchineri de Brasil y Perú hicieron para intercambiar experiencias. José Pacha Mayuruna y André Mayuruna, de la Organización General Mayuruna (OGM), también relataron sobre las Reuniones Binacionales Matsés – encuentros anuales que se suceden desde 2009 y reúnen a líderes de las comunidades Matsés de Brasil y del Perú y que en el 2016 llegó a su sexta edición.

Beatriz Huertas, antropóloga que investiga a los pueblos indígenas ‘aislados’ en Perú y ya prestó asesoría para varias organizaciones indígenas locales, recordó las alianzas e intercambios de experiencias que ayudaron a las comunidades en la conquista de importantes progresos. En el año 2000 se realizaron los estudios para la creación de la Reserva Indígena Madre de Dios. En ese mismo año la Fenamad fue hasta el Acre para articularse con líderes indígenas, con la Comisión Pro-Indio del Acre y con la Funai. Pudo, así, obtener informaciones valiosas para fundamentar la existencia de la reserva y la presencia de pueblos ‘aislados’ en esa región.

En este sentido, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep) viene trabajando para promover la creación de pasillos territoriales para pueblos indígenas ‘aislados’ que protejan a ambos lados de la frontera.

“Con esta propuesta, se pretende proteger a todos los pueblos indígenas ‘aislados’ y recién contactados de la región y, para ello, se propone la participación activa de las aldeas que están en el sector brasileño, de las asociaciones indígenas, indigenistas y otras comunidades”, dice Nery Zapata Fasabi, de la Aidesep.

Cooperación internacional

En una Declaración Conjunta de Intenciones, acuerdo firmado entre Alemania, Noruega y Perú en la política de mitigación de los efectos del cambio climático, se creó un fondo para apoyar proyectos que busquen proteger la Floresta Amazónica peruana. Entre las actividades apoyadas está la protección de las reservas destinadas a los ‘aislados’ con puestos de control y vigilancia.

Según la antropóloga Beatriz Huertas, en Perú existen problemas estructurales de base que no permiten, incluso con el acuerdo entre los países europeos, una protección efectiva de las reservas.

“Los narcotraficantes siguen entrando, hay madereros ilegales y eso sucede por varias razones. Hay mucha corrupción, que no permite que las acciones sean efectivas. También no existe un régimen de sanciones para las personas que invadan territorios de pueblos ‘aislados’. Hay puestos de control, pero si alguien entra no pasa nada porque no existe una ley, una norma que sancione este ingreso”, explica Huertas.

Los errores del Estado peruano en las políticas de protección de territorios indígenas se repiten en el caso brasileño. Tales equívocos colaboraron para el reciente corte de casi R$ 200 millones en la suma enviada por Noruega al Fondo Amazonia, ante la falta de garantías presentadas por el actual gobierno brasileño en sus políticas socio-ambientales y ante el avance de la deforestación en 2016.

En octubre de 2016, el periódico Folha de S.Paulo reveló el contenido de un memorando interno enviado por la dirección administrativa de la Funai al Ministerio de la Justicia que señala la crítica situación financiera del organismo indigenista. El documento preveía impactos como la reducción del 43% en las acciones de fiscalización y combate a invasiones de tierras indígenas y el cierre de las actividades en 6 de los 12 Frentes de Protección Étnico-Ambientales (gestión no confirmada aún).

El periódico de São Paulo revela que los presupuestos de R$ 4 millones previstos en 2016 para el sector de la Funai destinado a proteger los indígenas en aislamiento fueron rebajados para R$ 1,9 millón en 2017. Parte de los efectos ya se sienten en la floresta y territorios indígenas. En el Valle del Yavarí, dos de las tres Bases de Protección Étnico-Ambiental fueron cerradas.

Es justamente en este vacío de políticas indigenistas de Estado que las comunidades indígenas en Brasil y Perú buscan soluciones conjuntas para reforzar su autonomía en los territorios indígenas.

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